Los depósitos de arena eólica y las terrazas marinas que conforman el borde costero de Viña del Mar presentan un desafío persistente: baja densidad relativa en los primeros metros del perfil. Esta condición, combinada con un nivel freático que en sectores como Reñaca o el plan de la ciudad fluctúa entre 1.5 y 4 metros de profundidad, eleva la susceptibilidad a asentamientos diferenciales y pérdida de resistencia durante un evento sísmico. En Viña del Mar, con más de 330.000 habitantes y una edificación en altura que avanza hacia el sector de Miraflores Alto, la vibrocompactación se ha consolidado como la técnica de mejoramiento más eficiente. El diseño parte de una campaña geotécnica rigurosa: se correlacionan datos de penetración estándar con la granulometría del material para definir la malla de puntos y la energía de compactación requerida en cada lote. La experiencia local indica que sin un diseño adaptado a la curva granulométrica específica de cada terraza, los resultados en campo pueden desviarse del factor de seguridad objetivo que exige la norma sísmica chilena.
Un diseño calibrado con la granulometría local y la sismicidad de la V Región reduce la incertidumbre en la densificación de terrazas costeras.



