Las terrazas marinas de Viña del Mar, con sus característicos depósitos sedimentarios que alternan arenas, limos y gravas, presentan un desafío geotécnico constante durante las faenas de excavación. La profundidad de la napa freática varía abruptamente entre el plan y los cerros —en algunos sectores del borde costero aparece a menos de tres metros— lo que obliga a un control piezométrico permanente para anticipar inestabilidades. Hemos trabajado en proyectos donde la excavación superó los ocho metros en perfiles con intercalaciones de suelo fino saturado, y la combinación de inclinómetros con lecturas topográficas de alta frecuencia fue determinante para mantener la seguridad de la obra sin detener la producción. En esos casos, el ensayo CPT nos permitió correlacionar la resistencia de punta con los desplazamientos observados, ajustando las etapas de entibación sobre la marcha y evitando sorpresas en los niveles de limo orgánico que aparecen hacia Reñaca.
En las terrazas costeras de Viña del Mar, un piezómetro bien ubicado entrega más información sobre la estabilidad de una excavación que un factor de seguridad genérico calculado en gabinete.



