Uno de los errores más recurrentes que observamos en proyectos sobre las laderas de Viña del Mar es asumir que un talud se mantiene estable simplemente porque ha resistido las últimas décadas. La realidad geológica de la ciudad, con sus 335 mil habitantes asentados en un anfiteatro natural frente al Pacífico, es mucho más dinámica. La combinación de maicillo granítico meteorizado, pendientes que superan los 25 grados en sectores como Reñaca Alto o Forestal, y la humedad ambiental constante del borde costero, crea condiciones que exigen mucho más que un cálculo estático básico. Nuestro laboratorio, acreditado bajo ISO 17025, aborda este desafío integrando ensayos de resistencia al corte con modelaciones numéricas que consideran el factor sísmico de la zona, crítico en Viña del Mar. Para complementar la caracterización del subsuelo, a menudo partimos con un sondaje SPT que nos entrega perfiles de resistencia a la penetración, o bien un ensayo CPT cuando necesitamos una lectura continua de la estratigrafía en suelos más blandos o rellenos antrópicos, tan comunes en las quebradas urbanizadas de la ciudad.
El maicillo granítico de Viña del Mar pierde cohesión al saturarse: un talud con buen comportamiento en verano puede fallar en el primer temporal si no se controla el drenaje interno.



